Historia Antigua de la Península Ibérica.

Tema 1. Historia Antigua de la Península Ibérica (año 1000 a.C. – s. VII d.C.)

1. La Iberia prerromana (1000-218 a. C.)

Alrededor del año 1000 a.C. se puede establecer una primera división de los pueblos que habitan en la Península Ibérica:

1) La Meseta interior y el Norte, ocupada por migraciones de pueblos indoeuropeos procedentes de Europa Central (celtas en su mayor parte)

2) El Levante (la costa mediterránea de España) y  el Sur, especialmente los valles de los ríos Guadiana y Guadalquivir fueron ocupados por pueblos Íberos en un primer momento  y desde el 800 a.C. se establecieron en la zona colonizaciones de diversos pueblos que procedían del Mediterráneo Oriental (fenicios, griegos, cartagineses y romanos, como veremos)

1.2. Las migraciones indoeuropeas.

A partir del 800 a.C. entran en la península por los Pirineos procedentes de las llanuras de Europa Central los pueblos indoeuropeos. Son comunidades pastoriles, y guerreras que conocen la metalurgia del hierro. Ocuparon el norte de la Península y la Meseta. Se mezclaron con los pueblos indígenas y formaron diversos pueblos conocidos como celtas, aunque sin perder sus rasgos indoeuropeos.

  • Los celtas:Ocuparon el norte y centro de la Península. Procedían del centro y este de Europa. Eran tribus poco avanzadas social y tecnológicamente, pero muy guerreras (como veremos, a los romanos les costó muchísimo dominarlas militarmente). Se agrupaban en poblados, llamados castros que estaban fortificados pero no urbanizados. La base económica era la ganadería (ovejas y vacas), excepto la de los pueblos que habitaban la Meseta, que era la agricultura (trigo). Conocían la metalurgia del hierro, destacando en la fabricación de instrumentos de trabajo y armas. No tenían lengua escrita. A pesar de sus limitaciones, llama la atención su magnífica joyería.
  • Los celtíberos: En el alto valle del río Duero, entre la España celta y la ibera, estaban los celtíberos. Estos pueblos, con ciudades como Numancia (cerca de Soria) fueron el resultado de la mezcla entre los celtas del norte y los íberos, de la que se beneficiaron. Conocían el urbanismo y fabricaban una bella cerámica con formas y decoración muy originales. Su economía, muy pobre, les obligaba a luchar contra los pueblos vecinos o a ponerse al servicio de otros pueblos como soldados mercenarios.

1.3. Las colonizaciones mediterráneas

Por el sur y el levante estaban ocupadas por diferentes pueblos Iberos. De origen desconocido, las teorías más aceptadas apuntan a una procedencia del norte de África. Sus rasgos generales:  se organizaban en torno a la monarquía. Vivian en ciudades estado fortificadas y urbanizadas, y, con frecuencia, enemigas entre sí. Se dedicaban a la agricultura, ganadería y comercio. Su industria metalúrgica alcanzó gran perfección. Hacia el 250 a. C. por influencia griega desarrollaron una economía basada en la moneda. Destacó la poderosa monarquía de los turdetanos (en Andalucía occidental). Como hemos dicho antes, se mezclaron en la zona de la Meseta con los pueblos del norte, formando comunidades celtíberas.

Las migraciones procedentes del Mediterráneo Oriental vienen atraídos por  la riqueza de la zona  en minerales de oro, plata, y cobre y por las posibilidades comerciales que ofrecía la presencia del mar. Por orden cronológico, las diferentes colonizaciones que se suceden son las siguientes:

1) Los fenicios: Formaron una poderosa comunidad en la zona costera del sur y sureste penínsular. Llegaron procedentes de Tiro (en el Líbano) con la intención de explotar las posibilidades comerciales de la zona, rica en materias primas. Hacia el siglo X a.C. ya habían fundado la ciudad de Gadir (Cádiz) (1104 a. C.) A continuación establecieron otras colonias mercantiles, como las de Malaka (Málaga) y Abdera (Adra). Todas ellas se organizaban como ciudades-estado y prosperaron gracias al comercio con el mediterráneo oriental por cuyo monopolio lucharon con los griegos. Explotaron los minerales procedentes de las ricas minas en Andalucía (plata, oro, cobre…), así como estaño que obtenían del oeste y norte peninsulares. Además del comercio de metales, se dedicaron además a la pesca y  los textiles.

2) Los griegos: Llegaron a la Península hacia las mismas décadas y por las mismas motivaciones qie los fenicios. Se asentaron en la costa oriental (Rosas, Denia y Ampurias) y meridional. Su influencia fue grande para los pueblos indígenas de la costa oriental; ademas dejaron un importante legado en arquitectura (veasé las ruinas de Ampurias), en la cultura y en el arte.

3) Los cartagineses: Cuando los asirios conquistaron la ciudad de Tiro, a comienzos del siglo VII a. C., las colonias fenicias de occidente pasaron a depender de Cartago. Los cartagineses ocuparon las colonias fenicias y fundaron otras nuevas en Ibiza y en otros centros en la costa sur de la península.

Cartago había sido derrotada por Roma en el año 241 a. C. en la Primera Guerra Púnica, lo que tuvo importantes consecuencias para la Península: los cartagienses tuvieron que renunciar a sus posesiones en Sicilia, Córcega y Cerdeña y para compensar estas pérdidas,  decidieron extender sus posesiones en la Península Ibérica. Cartago conquistó Andalucía y Levante, impulsó la explotación económica –agricultura, pesca y minería –y fundó nuevas ciudades como Cartago Nova (Cartagena). La colonización cartaginesa influyó poderosamente en la religión, cultura y arte de la población indígena y en especial en el uso de la escritura.

2. La Hispania romana

Los romanos son el primer pueblo que logra dominar militarmente toda la Península Ibérica, que pasa a forma parte del Imperio Romano. Llamaron al nuevo territorio Hispania (de ahí proviene el nombre de España) y, durante los seis siglos de dominación romana, dotaron a los pueblos indígenas de la Península de una nueva lengua, costumbre, religión y ley. A este proceso se le conoce como Romanización y su legado llega hasta nuestros días.

2.1. La conquista de la Península por Roma

La dominación romana de la península fue consecuencia de la larga rivalidad entre Roma y Cartago por el control del Mediterráneo Occidental. Los romanos también tenían enclaves comerciales en el litoral del mediterráneo español y cuando el general cartaginés Aníbal atacó en el año 219 a.C. la ciudad hispana de Sagunto, aliada de los romanos, éstos declararon la guerra a Cartago: se iniciaba así la Segunda Guerra Púnica (218-202 a.C.). Aníbal con un potente ejército decidió atravesar  los Pirineos y los Alpes e invadir Italia hasta llegar a Roma. Los romanos reaccionaron trasladando la guerra a la Península Ibérica. La estrategia de Roma fue sorprendente. Además de intentar frenar al ejercito de Anibal en Italia, decidieron atacar la Península Ibérica para cortarle la principal vía de llegada de recursos materiales y humanos. El plan funcionó y Anibal se vio obligado a regresar para defender sus posesiones hispánicas sin lograr llegar a Roma. La guerra continuó y el ejército romano conquistó Cartago Nova en el 209 y Gadir en el 206. Con esta última derrota, los cartagineses fueron expulsados de la península y en el año 202 a. C. los romanos al mando de Publio Cornelio Escipión derrotaron a los cartagineses dirigidos por Aníbal en Zama (África) y destruyeron Cartago. La segunda Guerra Púnica terminó, pues, con la victoria total de Roma.

2.2. La romanización

La conquista de la Península Ibérica le llevó a Roma más de 200 años. Fue un proceso muy lento e incluso algunas zonas del norte peninsular nunca fueron dominadas.

Paralelamente a la conquista se realiza la romanización de la península, es decir, su integración en el sistema político, social, económico, cultural e ideológico romano.

Este proceso no afectó a todas las zonas de la península de igual manera. La romanización fue más intensa y rápida en las regiones con mayor cultura: Andalucía y el litoral mediterráneo de la Península; las zonas de la Meseta interior se romanizaron más lentamente; y las áreas más atrasadas del norte (la zona cantabro-pirenaica), como hemos dicho, apenas fueron dominadas y, en consecuencia, tampoco romanizadas.

Pero, ¿en qué consistió la romanización? ¿que significa?. Pues bien, fue un proceso civilizador por el que un pueblo (los romanos) impone su forma de vida a una población sometida (los pueblos peninsulares). Los rasgos que marcan la romanización son:

1) El latín sustituyó a las lenguas indígenas excepto al euskera (la única lengua prerrománica que ha llegado hasta nosotros).

2) Se adoptó el sistema social romano, basado en la familia patriarcal.

3)  Se extendió el sistema económico romano basado en el trabajo de los esclavos y en el uso de la moneda. Hispania se convirtió en  una importante fuente de recursos para los romanos:

a) Se modernizaron la agricultura y la explotación ganadera. Los romanos introdujeron nuevas técnicas que mejoraron la producción: se introdujo el arado romano, el cultivo con  barbecho y las modernas acequias para el regadío (que siglos más tarde, por cierto, mejorarán los musulmanes). Los cereales, la vid y el olivo fueron los cultivos principales.  Destacaron los rebaños de vacas en el valle del Guadalquivir, los caballos en Lusitania (Portugal) y las ovejas de la Meseta.

b) El principal objeto de atención de Roma fueron las minas hispanas: cobre en Huelva, plomo en Cartagena,  plata en Sierra Morena y Cartagena, y las de oro en Las Médulas (León).

c) La artesanía fue impulsada y se concentró en las ciudades.

d) La estabilidad política, la red de comunicaciones, la división del trabajo y la generalización de la moneda (el denario de plata) favorecieron el comercio, que en los primeros siglos de dominación romana alcanzó una extraordinaria importancia.

4) Las religiones indígenas se adaptaron a la religión romana y sus dioses. También se extendió el culto oficial a Roma y al emperador. A pesar de todo, se conservaron con mucha fuerza los cultos indígenas durante el imperio. Mas tarde, el cristianismo se extendió en Hispania como en el resto del imperio. En el siglo III ya existían numerosas comunidades cristianas.

5) La creación de una amplia red urbana. La ciudad se convirtió en el centro religioso, cultural, administrativo y comercial; y desde la ciudad se organizó la colonización y explotación del territorio, así como su control político y militar. Se ampliaron las antiguas ciudades fenicias, griegas, cartaginesas e ibéricas y se fundaron nuevas ciudades: Barcino (Barcelona), Tarraco (Tarragona), Caesaraugusta (Zaragoza), Hispalis (Sevilla), Emerita Augusta (Mérida), Legio Septima Gemina (León), Pompeyo (Pamplona)…

6) Otro elemento de romanización fue el ejército. Las tropas romanas extendieron las ideas y costumbres romanas. Muchos soldados romanos, después de su licenciamiento[1], permanecían en España como agricultores y comerciantes. Los indígenas reclutados para las tropas auxiliares también se convirtieron en agentes de romanización. El ejército, por otra parte, cumplió un papel importante en la romanización al participar en la construcción de la red de carreteras que ponía en comunicación los centros urbanos de la península.

Hispania se convirtió en la principal provincia romana, la más rica, la que aportó a Roma sus mejores soldados e infinidad de recursos. De hecho, los hispanos recibieron las ciudadanía romana, un privilegio que da fe de la importancia que tuvo Hispania dentro del mundo romano.

Hispania también aportó hombres importantes de la enseñanza, la literatura y el arte. El filósofo Séneca, los poetas Lucano y Marcial y el retórico Quintiliano nacieron en Hispania.

A finales del siglo I d. C. Hispania ya se había romanizado profundamente.

3. La Hispania visigoda

3.1.  El reino visigodo de Tolosa (416-554)

En el 395 d. C. el emperador Teodosio dividió a su muerte el Imperio romano entre sus dos hijos: Occidente para Honorio y Oriente para Arcadio. Mientras que el área oriental logró reorganizarse y sobrevivir durante mil años más, la zona occidental no pudo resistir las invasiones de los pueblos germánicos.

En el siglo V finaliza dominio romano en la península y comienza una época muy importante que dura poco más de dos siglos hasta la llegada de los musulmanes en el 711. Supuso la transición de la Antigüedad hacia la Edad Media y la creación de una unidad política nacional: la España visigoda.

En el 409 Hispania sufre las invasiones de tres pueblos germánicos: suevos, vándalos y alanos que, después de saquear el país, se establecen en él. El gobierno central romano, incapaz de frenar estas invasiones, utiliza los servicios de un pueblo germánico aliado, los visigodos, para liberar Hispania de las invasiones. Los visigodos entran en Hispania en el 416 y expulsan a vándalos y alanos, sólo la Gallaecia (Galicia) quedó en manos de los suevos. Cumplida su misión se retiraron de la península para establecerse en el sur de la Galia (Francia), con su capital en Tolosa (Toulouse), desde donde vigilan y protegen las tierras hispanas.  Años más tarde, los francos, pueblo germánico en proceso de expansión por las Galias, derrotan a los visigodos en Vouillé (507), y los obligan a desplazarse hacia el sur, de manera que se trasladaron definitivamente a Hispania. Después de una etapa de avance territorial hacia el interior de la península y de guerra civil, Atanagildo consigue establecer la capital del reino en Toledo (554), aunque el nuevo estado todavía no está unificado.

3.2. El reino visigodo de Toledo (554-711)

El reino visigodo duró menos de dos siglos, pero, a excepción de un breve período de tiempo, nunca logró dominar toda la Península. Las dificultades exteriores se complicaron todavía debido a dos problemas internos:

a) La monarquía visigoda, que era electiva (un grupo reducido de nobles elegía a su rey), casi siempre fue muy débil.  Al principio los reyes visigodos eran elegidos por una asamblea en la que estaban representados los jefes de las principales familias aristocráticas. La sucesión al trono producía sangrientas luchas entre los nobles, que, en ocasiones, solicitaban la ayuda de otros pueblos.

b) Era muy difícil el entendimiento entre los visigodos (unos 200.000) y la población hispanorromana (entre tres o cuatro millones de habitantes). Los visigodos tenían el poder militar y la mayoría de las tierras. Las leyes, diferentes para visigodos ( el código de Eurico) e hispanorromanos (el código de Alarico II), daban mayores privilegios a los primeros. Además, la población hispanorromana era católica, mientras los visigodos eran arrianos (seguían la herejía arriana).

Ante esta situación los visigodos, minoría dominante, optó por un modelo de colonización opuesto al de los romanos:

  • En lugar de imponer su lengua, su religión, leyes y costumbres adoptaron las de la población nativa.
  • En el año 589 bajo el reinado de Recaredo se convirtieron al catolicismo.
  • La lengua de comunicación fue el latín clasico para textos oficiales y el latín vulgar para la comunicación con el pueblo.

En definitiva, se asimilaron a lo que había y solo dejaron su influencia en algunos aspectos como el gran número de palabras, normalmente del campo lexico de la guerra, que son de origen germánico.

En los últimos años del siglo VII y primeros del siglo VIII fueron constantes las guerras civiles. La monarquía visigoda seguía siendo débil debido a las luchas por el poder. Las potencias extranjeras (bizantinos, suevos y francos) participaban en estas luchas para apoyar a los rebeldes. La monarquía no podía dominar a los nobles, que se rebelaban continuamente. Cuando murió el rey Witiza (710), los nobles formaron dos bandos, uno a favor de los hijos de Witiza y otro seguidor del noble don Rodrigo, duque de la Bética. Cuando don Rodrigo fue finalmente elegido rey, los partidarios de Witiza pidieron la ayuda de los musulmanes del norte de África para derrotar a Don Rodrigo y recuperar el  poder. Con la ayuda musulmana vencieron a las tropas del rey Don Rodrigo en la batalla de Guadalete en el 711.

El problema fue que los musulmanes tenían otro plan: no se contentarían con  la compensación por la ayuda prestada sino que viendo la debilidad de los visigodos decidieron hacerse con el poder en todo el territorio, algo que lograron con relativa facilidad. Comienza de este modo una nueva etapa en la historia de España. La península pasó a llamarse Al-Andalus y la ocupación musulmana se prolongó durante casi ochocientos años

 


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25 Replies to “Historia Antigua de la Península Ibérica.”

  1. ES UNA****

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  2. Simplemente genial. Soy catedrática de Historia y noto el altísimo nivel del autor. Hay muy pocos materiales tan didáctico para el público general que sea tan cierto y tan didáctico cómo lo es este Blog. Ánimo y por favor sigue publicando. Muchas gracias.

  3. Qué pena da que la gente critique lo que ni en cien años serían ellos capaces de hacer QUÉ MALA ES LA ENVIDIA !! Muchas gracias por la información

  4. Esta muy bien. Lo que no entiendo es como una persona tan inculta como para no saber ni escribir se ha leido todo esto tan interesante y se digna a opinar. Gracias!! Me encanta la historia

Gracias por participar

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